Madera y arquitectura

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Composición Arquitectura y Madera

La madera es el primer material arquitectónico utilizado por el ser humano, por sus grandes propiedades como elemento constructivo: es ligera, pero tenaz y resistente. Es variada y decorativa; de diseño cada vez nuevo. Es abundante y fácilmente trabajable.

Aún mas, la solución natural a restricciones físicas y mecánicas desarrollada por algunos vegetales en su configuración arbórea, es imitada por arquitectos de prestigio, buscando la versatilidad y ligereza de estas estructuras,  donde la  organización fractal y la disposición reticular permiten una gran adaptabilidad de soluciones, con economía y eficiencia.

Pero la madera tiene una característica especialmente atractiva: es un material esencialmente agradable al contacto con el ser humano. Amistoso, incluso amoroso y suave. Cuando la ciencia ha demostrado que la simple presencia de los objetos afecta a nuestra existencia (Paradoja de Schrodinger), el rodearse de objetos provistos de una “memoria natural” como la madera es más que un simple acto decorativo: es un acto de salud y vigor. Crear un entorno confortable, rodeándose de objetos gratos es un punto de apoyo importante para combatir la incertidumbre del mundo y de la existencia, y para constituir un refugio donde aislarse de esta incertidumbre en los momentos de descanso y solaz.

La arquitectura es una ciencia artística: ha evolucionado de la simple yuxtaposición de elementos a una visión holística de la edificación, a la que dota de una esencia cercana al ser humano. Y la esencia de toda obra arquitectónica es el tiempo. El tiempo es la dimensión en que se mide la mutación en las cosas. Y toda obra arquitectónica nace con vocación de cambio, como la música. A diferencia de la pintura y escultura, que pretenden la permanencia inmutable de la visión creativa del autor, la arquitectura cobra sentido  en la transformación: el acondicionamiento del espacio y la luz, y su influencia sobre el usuario constituyen su objeto artístico. La creación artística del edificio empieza cuando se ha finalizado la obra: aquí empieza a demostrar su pertinencia y trascendencia. Pero la influencia es mutua, y el tránsito y los usos cambiantes del edificio aplicados por los usuarios – su propia forma de vivirlos – también modifican y hacen evolucionar la obra arquitectónica.

Es esta característica la que dota de propiedad al corpus teórico-práctico de la construcción, transformándolo en arquitectura: se otorga a la edificación un alma filosófica y un canon (el άρχέ griego), limitando lo ilimitado y capturando la esencia del locus. Sabemos que el vacío es la eternidad, pero nuestro tránsito vital debe consistir en una vibración armónica del espacio y el tiempo. Para la construcción de la armonía, la elección de los materiales es crítica y la simplicidad argumental es preferible, como propone el silogismo de Occam.

La gran pregunta del arquitecto – “¿Qué, en lugar del vacío?” -encuentra una respuesta adecuada en la madera: la madera siempre es una elección correcta.

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